Quieres leer más. Compraste el libro, te interesa el tema y hasta imaginaste ese momento tranquilo en que por fin ibas a sentarte con él. Pero llega la noche, caes en el sillón y el control remoto está ahí. El libro quedó en otra pieza, debajo de unos papeles. La televisión empieza antes de que alcances a recordar tu propósito.
Podemos interpretar esa escena como una derrota de nuestra voluntad. También podemos mirar cómo está organizada. Una opción se ofrece de inmediato; la otra exige levantarse, buscar y preparar. Antes de exigirnos más disciplina, conviene revisar a cuál de las dos le estamos poniendo alfombra roja.
James Clear desarrolla esta idea en Hábitos atómicos: el entorno participa en la formación de nuestros hábitos. Su propuesta consiste en volver evidentes las señales de lo que queremos hacer y facilitar su comienzo. Podemos empezar moviendo un libro.
Para leer más, deja una señal visible
Una señal es algo que nos recuerda una acción y puede impulsar su inicio. El libro sobre el brazo del sillón ofrece esa invitación. Guardado detrás de una puerta, necesita que nosotros lo recordemos sin ayuda. Sigue siendo el mismo libro; cambió su posibilidad de encontrarse con nuestra atención.
Clear cuenta que compraba manzanas, las guardaba en el cajón del refrigerador y después se olvidaba de comerlas. Cambió su ubicación: las dejó en un recipiente sobre la cubierta de la cocina, donde podía verlas. Según relata, esa modificación le permitió incorporarlas con mayor frecuencia a su día.
La aplicación para la lectura es sencilla: deja el libro donde efectivamente podrías leerlo. Si ese lugar es el sillón, ponlo al lado. Si lees antes de dormir, déjalo sobre el velador. Que aparezca dentro de tu recorrido habitual, disponible para abrirlo.
El mismo principio sirve para practicar guitarra o dibujar. Un instrumento visible y un cuaderno abierto pueden recordarnos la actividad. Tenerlos cuidadosamente guardados protege los objetos, pero también puede esconder la invitación a usarlos. A veces conservamos nuestras buenas intenciones como la loza fina: impecables, esperando una ocasión que nunca llega.
Lo visible también necesita estar listo
Ver el libro es una parte. Poder comenzar sin resolver varias tareas es otra. Clear llama fricción a los obstáculos que se interponen entre una intención y la acción. En su propuesta de diseño del entorno, recomienda reducir los pasos necesarios para los hábitos que queremos incorporar.
Imagina que decidiste escribir al terminar de almorzar. El escritorio está ocupado, el cuaderno quedó en una mochila y el lápiz no aparece. Antes de escribir una línea tienes que ordenar, buscar y despejar. Cada tarea agrega trabajo al inicio que querías facilitar.
Puedes preparar esa situación al cerrar la jornada anterior. Dejar el cuaderno donde vas a sentarte, elegir el lápiz y despejar el espacio necesario. Para leer, ubicar el marcador en la página correspondiente y tener cerca los anteojos, si los usas. Son preparaciones pequeñas para que el próximo comienzo encuentre menos obstáculos.
Pensemos en la diferencia entre querer hacer algo y tenerlo disponible. La primera situación depende de que recordemos el propósito y organicemos sus condiciones. En la segunda, parte de ese trabajo ya está hecho. El entorno empieza a colaborar con la decisión.
El control remoto también tiene una ubicación
Hasta ahora hemos acercado lo que queremos hacer. Podemos aplicar el movimiento contrario a aquello que desplaza nuestra intención. Si queremos leer antes de encender la televisión, guardar el control en un cajón agrega un paso donde antes había una acción inmediata.
En el capítulo dedicado al autocontrol, Clear recomienda disminuir la exposición a las señales de los hábitos que queremos interrumpir. Para una distracción habitual, propone modificar las condiciones que la hacen aparecer continuamente ante nosotros.
Puedes probar dejando el teléfono en otra habitación durante la lectura. Así, tomarlo requiere levantarte y buscarlo. El cambio vuelve menos inmediato ese gesto que antes podías repetir sin soltar el libro. La intención es reservar ese momento para la actividad que elegiste.
Un rincón puede tener una tarea
Clear también explica que los hábitos se asocian con los lugares donde los repetimos. El sillón puede terminar relacionado con ver televisión; un escritorio, con trabajar. Por eso propone asignar usos claros a los espacios y evitar, cuando sea posible, mezclar actividades que compiten.
Aquí aparece una objeción razonable: vivimos en casas donde una misma pieza debe servir para varias cosas. No todos podemos inaugurar una biblioteca privada cada vez que queremos leer veinte minutos. Clear contempla esa situación y recomienda dividir el espacio en zonas de actividad.
Una silla puede ser el lugar de lectura; un sector de la mesa, el de escritura. Lo importante es disponer una combinación reconocible de lugar, objetos y acción. Puedes guardar los materiales al terminar y volver a prepararlos para el momento siguiente.
Preparar el espacio tampoco significa dejar toda la casa perfecta. Para escribir, basta con disponer de una superficie utilizable y los materiales que necesitas. Para leer, un asiento cómodo y el libro al alcance. Busca una preparación que puedas repetir al terminar, para que ordenar no se convierta en otro proyecto pendiente.
Cambia una cosa antes de prometer diez
Para aplicar esta idea, elige un solo hábito que quieras facilitar. Observa dónde suele comenzar la alternativa que lo reemplaza. Después revisa tres preguntas: ¿qué me recuerda la actividad?, ¿qué necesito buscar antes de empezar?, ¿qué distracción tiene mejor ubicación que ella?
Haz una modificación concreta. Acerca el libro, prepara el cuaderno o deja lista la guitarra. Si hace falta, aleja una señal que te invita a hacer otra cosa. Luego observa cómo funciona esa disposición cuando llega el momento de usarla y ajusta lo necesario.
Hoy puedes comenzar antes de sentirte especialmente motivado. Levántate, busca el libro y déjalo en el lugar donde vas a sentarte esta noche. Pon el control remoto en otro sitio. Cuando vuelvas al sillón, tendrás delante una invitación distinta: abrir la primera página que te está esperando.
