Advertisement
Sígueme

Suscríbete a la lista de correos del infierno

Al hacer clic en el botón «Suscribirse», confirmas que has leído y aceptas nuestra Política de Privacidad y nuestros Términos de Uso.
Patreon

Contagio emocional en el trabajo: qué estás transmitiendo a tu equipo

Tu ánimo también llega a la reunión. Aprende a reconocer el contagio emocional y a facilitar conversaciones más útiles.

Podemos entrar a una reunión preocupados por una entrega y salir convencidos de que la empresa completa se está hundiendo. ¿Qué ocurrió entre medio? A veces apareció información nueva. Otras veces, alguien instaló un ánimo y nosotros terminamos hablándolo como si fuera un diagnóstico. El contagio emocional en el trabajo merece atención porque también participamos en esa circulación: recibimos emociones y aportamos las nuestras.

Imagina esta escena: un compañero dice que el proyecto será un desastre. Otro responde con una talla amarga. Un tercero recuerda un fracaso anterior. Cuando llega el momento de proponer soluciones, ya estamos organizando el funeral. Todavía ni siquiera revisamos el calendario. La escena es hipotética, pero sirve para hacernos una pregunta concreta: ¿estamos conversando sobre el problema o aumentando su temperatura?

Cómo funciona el contagio emocional en el trabajo

La Asociación Estadounidense de Psicología define el contagio emocional como la propagación rápida de una emoción desde una o pocas personas hacia otras. No requiere que alguien entregue una orden ni que todos lleguen conscientemente al mismo acuerdo. Podemos compartir un estado emocional antes de detenernos a examinarlo.

Advertisement

En su artículo sobre el ambiente laboral, Victor Lipman plantea que este fenómeno puede acelerar tanto el malestar como el entusiasmo. Las relaciones entre compañeros ofrecen caminos para que los estados de ánimo circulen. Su propuesta central es sencilla: reconocer esa influencia ayuda a empleados y jefaturas a desenvolverse mejor en la dimensión emocional del trabajo.

Lo interesante es mirar la conversación con dos preguntas simultáneas. ¿Qué estamos diciendo? ¿Cómo estamos dejando a quienes nos escuchan? Si propones aplicarlo en tu equipo, anota ambas después de una reunión. Quizás discutieron un retraso solucionable, pero el mensaje que quedó fue que nadie tiene control sobre nada.

Conviene observar conductas específicas: interrupciones, respuestas despectivas, disposición a escuchar, reconocimiento del esfuerzo. Es más útil registrar “respondimos tres veces antes de entender la pregunta” que sentenciar “somos un equipo tóxico”. La primera descripción permite decidir qué cambiar mañana; la segunda invita a repartir etiquetas.

Haz la revisión cuando una conversación resulte agradable. ¿Hubo una pregunta que abrió posibilidades? ¿Alguien agradeció una ayuda? Guarda ese ejemplo para la próxima reunión. El ejercicio consiste en identificar intervenciones que quieras repetir, con palabras y gestos reconocibles, sin exigir una personalidad permanentemente alegre.

El ánimo también participa en la coordinación

Un estudio de Thomas Sy, Stéphane Côté y Richard Saavedra encontró que los grupos con líderes de ánimo positivo mostraron un tono afectivo más positivo y mayor coordinación que aquellos con líderes de ánimo negativo. El resultado permite entender por qué la forma de conducir una conversación merece atención junto con su contenido.

En otra investigación, Sigal Barsade estudió el contagio emocional en grupos. En las condiciones estudiadas, el contagio positivo favoreció la cooperación, redujo el conflicto y aumentó la percepción de desempeño. Hablamos de resultados de investigación, no de una garantía de que sonreír arreglará cualquier proyecto.

Para llevar esta idea a la práctica, propongo revisar cómo presentas una dificultad. Compara “esto siempre termina pésimo” con “tenemos dos entregas atrasadas; necesitamos decidir cuál resolver primero”. La segunda frase permite trabajar sobre algo delimitado. Además, te obliga a expresar qué sabes, en vez de convertir tu frustración en una sentencia sobre el futuro.

Podemos probarlo incluso sin dirigir a nadie. Antes de enviar un mensaje difícil, identifica el hecho, la solicitud y el tono. Si falta la solicitud, agrégala. Si sobran ataques, bórralos. “Otra vez hicieron cualquier cosa” descarga rabia; “falta confirmar estas cifras antes de publicar” ofrece una tarea. Elige qué conversación quieres abrir.

Para comprobar tu avance, revisa el intercambio posterior. ¿La otra persona entendió qué necesitabas? ¿Quedó un acuerdo? ¿Tuviste que aclarar una acusación innecesaria? Usa esas respuestas para ajustar el siguiente mensaje. No necesitas calificar tu simpatía: necesitas observar si la conversación permitió resolver mejor el trabajo compartido.

Escuchar el malestar sin multiplicar la alarma

Aquí aparece una objeción razonable: “¿Entonces ahora tampoco podemos quejarnos?”. Podemos, por supuesto. Una aplicación útil de esta idea necesita espacio para decir que algo funciona mal. Propongo cuidar la diferencia entre explicar una dificultad y convertir cada intercambio en una competencia por demostrar quién está más decepcionado.

Si alguien reclama por una carga excesiva, pregunta qué tarea lo está sobrepasando y qué ajuste solicita. Puedes reconocer su frustración sin agregar cinco rumores sobre el futuro de la empresa. Evita responder con entusiasmo automático: nadie necesita una taza que diga “vamos con todo” cuando está pidiendo redistribuir trabajo.

Prueba esta respuesta: “Entiendo que esto te tiene complicado. Revisemos qué cambió y qué podemos resolver hoy”. Después escucha. Si no puedes solucionar el asunto, acuerda quién debe revisarlo y cuándo retomarán la conversación. Es una manera concreta de acompañar el malestar y darle un destino distinto de la repetición.

Una revisión breve antes de la próxima reunión

En sus orientaciones para líderes, Wharton recomienda reconocer el propio ánimo, prestar atención a la comunicación no verbal y promover una cultura donde puedan expresarse emociones positivas. Puedes empezar con una revisión sencilla antes de encontrarte con tu equipo.

Primero, nombra cómo llegas: apurado, frustrado, entusiasmado. Segundo, decide qué necesita esa conversación: claridad para priorizar, atención para escuchar o energía para comenzar. Tercero, prepara una frase de apertura que responda a esa necesidad. Por ejemplo: “Tenemos poco tiempo; salgamos con una prioridad y un responsable”.

Cuando exista un avance, descríbelo con precisión. En vez de felicitar al equipo por ser maravilloso, señala qué hizo bien: “Detectaron el error antes del envío y coordinaron la corrección”. Como ejercicio, invita a alguien a explicar qué permitió ese resultado. Así ofreces un motivo concreto para compartir satisfacción y una práctica que podrían repetir.

Hoy elige una interacción: una reunión, un mensaje o una conversación de pasillo. Antes de participar, pregúntate qué emoción llevas y qué acción quieres facilitar. Después observa si ayudaste a entender el asunto, proponer algo o escuchar mejor. Esa será tu primera revisión: pequeña, específica y posible de repetir mañana.

Cinco enlaces externos:

Liked it? Take a second to support José Miguel Villouta on Patreon!
Become a patron at Patreon!
Add a Comment

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Suscríbete a la lista de correos del infierno

Al hacer clic en el botón «Suscribirse», confirmas que has leído y aceptas nuestra Política de Privacidad y nuestros Términos de Uso.
Advertisement