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El Fuckboy

Una buena noche puede valer por sí misma. Sexo casual, deseo y libertad para elegir sin exigirle una relación a cada encuentro.

El sexo casual puede ser una experiencia estupenda aunque después no haya una segunda cita. Cuesta admitirlo cuando evaluamos cada encuentro por su capacidad de convertirse en pareja. Pero una noche entretenida, un cuerpo que nos encanta y una conversación que nos hace sentir deseados también tienen valor. No necesitan terminar en un domingo comprando cortinas para justificar su existencia. A veces no imports la duración. Importa la intensidad. 

El fuckboy tiene un lugar en ese reino. Sabe seducir, busca sexo y puede ofrecer una experiencia memorable. Podemos aceptar su invitación o rechazarla pero está ahí para que nos acordemos que no toda atracción trae incorporada una historia de amor.

El sexo casual y las promesas son cosas distintas

Primero hay que distinguir dos personajes. Está el seductor que despliega sus encantos sin hacer promesas concretas. Y está el supuesto hombre bueno que finge un interés sentimental para conseguir acostarse contigo. La defensa del primero deja fuera al segundo: simular sentimientos para obtener sexo es mentir. Nosotros somos team de los primeros. 

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El que llega con deseo y ninguna promesa puede estar ofreciendo exactamente lo que buscamos. El problema aparece cuando nosotros queremos una relación y le ponemos ese destino a un encuentro que nunca lo incluyó. Tenemos una expectativa; él tiene otra intención. Fuckboys will fuck, boys. Reconocer esa diferencia permite decidir si queremos participar.

Está bien pasar por un momento en que queremos algo pasajero. Una aventura, una noche, varias citas sin un proyecto compartido. Buscar pareja tiene sentido si eso deseamos y disfrutar un encuentro sin continuidad también. Lo útil es saber cuál de esas posibilidades nos interesa ahora.

El deseo puede ser compartido sin que ninguno esté buscando quedarse. Tú puedes disfrutar de su atención y él de la tuya. Ambos pueden salir del encuentro contentos, con ganas de recordarlo después, sin haber decidido construir nada más que ese rato juntos.

Tiene una estrategia, y eso también puede disfrutarse

El fuckboy experimentado ha practicado. Sabe qué decir, cómo mirar, cuándo escuchar y cómo hacernos sentir interesantes. Tiene un plan de seducción. No es ningún secreto en todo caso. Es algo bien notorio. Podemos reconocer que alguien se maneja bien en ese terreno, igual que reconocemos a quien sabe bailar o contar una historia sin arruinarla antes del final.

Su atención puede ser deliciosa. Alguien nos mira, se ríe con nosotros y convierte una conversación cualquiera en algo cargado de electricidad. Participar de ese momento puede gustarnos muchísimo. El encanto forma parte de la experiencia, y apreciar ese encanto no exige imaginar una profundidad que todavía no conocemos. The Fuckboy is pure mágick.

Pensemos un segundo: nos conocimos hace unas horas. ¿Cuánto puede saber esta persona de nuestra vida, nuestras contradicciones o esa versión nuestra que aparece cuando dormimos mal? La fascinación inmediata tiene su propio combustible. Puede alcanzar para una noche extraordinaria, aunque todavía no exista conocimiento suficiente para algo más.

Entonces podemos jugar. O pasar. Aceptar no define nuestro valor como personas, y rechazar tampoco. Es una invitación que evaluamos según nuestras ganas. No hace falta convertir cada propuesta sexual en un examen de dignidad ni cada negativa en una declaración solemne sobre quiénes somos.

Somos adultos, podemos elegir y podemos aprender

La idea de que habría que prohibir estas formas de seducción de una noche para protegernos tiene una consecuencia incómoda: nos coloca en el lugar de quienes no pueden decidir. Como si la vida afectiva necesitara esquinas acolchadas y barreras para impedirnos llegar hasta cualquier experiencia capaz de doler.

Claro que podemos sentir pena después de un encuentro. Podemos creer que alguien quedó fascinado con nosotros y descubrir que quería algo breve. Esa experiencia puede mostrarnos cuánto habíamos supuesto, qué esperábamos recibir y qué tan poco habíamos pensado en nuestros propios deseos. Conocer eso también forma parte de crecer.

La fortaleza puede construirse pasando por experiencias que al principio no entendimos. Con el tiempo aprendemos a reconocer mejor las propuestas y a identificar qué nos acomoda. No necesitamos quedarnos instalados en el resentimiento para demostrar que algo nos importó. Podemos llevarnos un aprendizaje y seguir viviendo.

También, es hora de que nos demos permiso de buscar a alguien porque nos gusta sentirnos admirados, recibir atención o alimentar el ego. 

Pero volviendo al fuckboy. Lo bueno que tiene este espécimen, es que como está entrenado como atleta olímpico en las artes de la seducción, se maneja y se adapta frente a cualquier alternativa. acepta todo, sabe cuando decir que no, sabe dejar que uno se acerque primero. Te deja decidir a ti como te gusta que te conquisten. Es un iluminado que termina tirando como bestia porque esta es la razón de ser de su nombre. 

Una buena experiencia puede terminar y seguir siendo buena.

Un encuentro intenso puede parecerse a un espectáculo: música, emoción, atención concentrada y esa sensación de estar viviendo algo especial. Después se apagan las luces y termina. Haber disfrutado el espectáculo no significa que quien estaba sobre el escenario vaya a acompañarnos a tomar desayuno durante los próximos diez años.

Con el sexo casual podemos quedarnos atrapados en lo que habría podido pasar. La relación imaginada ocupa tanto espacio que termina borrando el encuentro real. Pero lo que disfrutamos ocurrió. Hubo placer, complicidad, deseo. Podemos recordar eso sin exigirle una continuación para concederle valor.

Las palabras lindas, los abrazos y los gestos pueden pertenecer a ese momento. Si no hubo un compromiso expresado, podemos disfrutarlos como parte de la experiencia. 

Querer amor duradero también está bien. Y en el fondo, yo que soy conservador, es lo que en verdad recomiendo. Pero que cada uno haga lo que quiera. Me caen bien todo. Y si nos confundimos, tampoco hace falta castigarnos: algunas personas seducen muy bien. 

Antes de tu próximo encuentro con el fuckboy que el univesto pondrá en tu camino, luego de leer este articulo, responde algo sencillo: ¿quiero una experiencia o estoy esperando una relación? Si quieres jugar y te gusta la invitación, puedes disfrutarla. Puedes aportar entusiasmo y recibirlo. Una noche puede terminar ahí y conservar todo lo que tuvo de buena.

Y nada de esto podria existir, si no existiera el Fuckboy. A cuidarlos y a defenderlos. 

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