Advertisement

Ver videos sin disfrutarlos: por qué seguimos buscando

Seguimos pasando videos aunque casi ninguno nos guste. Una clave para distinguir las ganas de continuar del disfrute.
Ver videos sin disfrutarlos- por qué seguimos buscando Ver videos sin disfrutarlos- por qué seguimos buscando

Podemos ver videos sin disfrutarlos y, aun así, seguir pasando al siguiente. Uno nos aburre, otro nos irrita, otro parece una copia del anterior. Seguimos. Hay algo desconcertante en esa escena: las ganas de continuar sobreviven al entusiasmo por lo que estamos mirando. Entender esa diferencia permite reconocer cuándo dejamos de pasarlo bien y empezamos a perseguir la posibilidad de que, ahora sí, aparezca algo bueno.

Piensa en una noche cualquiera. Te sientas después de un día largo, abres una secuencia de videos y esperas distraerte. Aparece una receta, una discusión, alguien explicando cómo ordenar la casa. Ninguno te interesa demasiado. El dedo sigue trabajando con la dedicación de un funcionario que tiene que timbrar todos los papeles antes de almuerzo. Tú, mientras tanto, apenas te ríes.

Desde afuera parecería que estás entretenidísimo: llevas un buen rato ahí. Desde adentro, la experiencia puede ser bastante distinta. Estás buscando entretenimiento con más perseverancia de la que estás sintiendo placer.

Advertisement

Querer continuar y disfrutar son experiencias distintas

En Dopamine Nation, Anna Lembke explica una distinción decisiva: la dopamina puede tener un papel mayor en la motivación para conseguir una recompensa que en el placer de recibirla. Dicho en palabras cotidianas, querer algo y disfrutarlo pueden separarse.

Los investigadores Kent Berridge y Terry Robinson han estudiado esa distinción entre motivación y placer. Los mecanismos cerebrales que impulsan la búsqueda de una recompensa son separables de los que participan en disfrutarla. Por eso, la intensidad del impulso de seguir buscando no demuestra, por sí sola, cuánto placer estamos obteniendo.

Aplicada a nuestra escena, esta idea ayuda a entender una contradicción muy reconocible. Podemos sentir pocas ganas de seguir viendo ese video específico y muchas ganas de descubrir qué viene después. Lo que atrae está un movimiento más allá.

El video actual ya mostró sus limitaciones. El siguiente todavía conserva todas sus posibilidades. Quizás sea divertido, sorprendente, exactamente lo que necesitábamos. Cuando tampoco funciona, aparece otra oportunidad. Así podemos acumular intentos sin acumular una satisfacción equivalente.

Podemos reconocerlo en una frase habitual: «Este no, mejor otro». Repetida una vez, describe una elección sencilla. Repetida durante un rato en que casi nada nos interesa, empieza a describir una búsqueda que se sostiene a sí misma: cada nuevo descarte deja pendiente la satisfacción que originalmente fuimos a buscar. Seguimos disponibles para el siguiente contenido, aunque estemos cada vez menos presentes en el que tenemos delante.

La frase que resume la escena sería esta: todavía quiero encontrar algo que me guste.

Ver videos sin disfrutarlos: cuando buscamos más de lo que encontramos

Imaginemos dos momentos con el mismo teléfono. En uno aparece un video que nos hace reír. Lo vemos completo, quizá lo compartimos y sentimos que ese rato valió la pena. En otro saltamos de una cosa a otra, cada vez menos interesados, pero seguimos convencidos de darle una oportunidad al próximo.

La pantalla y el gesto pueden parecer idénticos. Nuestra experiencia cambia. En el primer momento podemos identificar qué estamos disfrutando. En el segundo cuesta nombrar algo agradable que esté ocurriendo ahora; lo atractivo parece estar siempre pendiente.

Por eso conviene mirar algo más que los minutos. Pasar media hora frente a una pantalla dice cuánto duró la actividad. Para entender cómo la vivimos, necesitamos otra información: qué nos interesó, qué disfrutamos y qué esperábamos conseguir al continuar.

Lembke propone observar tanto los datos del consumo como sus objetivos. Traducido a esta situación, sirve preguntarnos para qué abrimos los videos: ¿queríamos reírnos, descansar, sentir compañía, llenar un silencio? La respuesta permite comparar lo que buscábamos con lo que está pasando.

Si queríamos relajarnos y ahora estamos impacientes porque nada nos satisface, esa diferencia merece atención. La actividad continúa, pero su propósito inicial parece haberse perdido entre los cambios de video.

«Pero estoy descansando, déjame tranquilo»

La objeción es razonable. Después de trabajar, nadie quiere convertir el descanso en otra evaluación de desempeño. Bastante tenemos con los pendientes como para exigirle al video de un perro que justifique su existencia mediante indicadores.

Podemos descansar viendo tonteras. También podemos disfrutar algo sin aprender absolutamente nada. La pregunta útil aquí es mucho más sencilla: ¿cómo estamos viviendo este rato?

En el libro, Lembke describe distintas razones para consumir, entre ellas divertirse, aliviar el aburrimiento o manejar emociones incómodas. A veces la búsqueda cumple una función aunque el contenido entusiasme poco. Mantenernos ocupados puede ayudarnos a esquivar, momentáneamente, ese silencio que preferimos no escuchar.

Vale la pena dejar abierta esa posibilidad y observar nuestra situación concreta. Quizás estamos entretenidos. Quizás estamos cansados y esperamos que el próximo video cambie cómo nos sentimos. Reconocerlo requiere curiosidad por lo que ocurre, sin convertir la observación en un reto.

Una pregunta antes del próximo movimiento

Lembke presenta la atención plena como la capacidad de observar lo que hace nuestra mente mientras lo hace, sin juzgar. Podemos llevar esa propuesta a un momento pequeño: justo cuando estamos a punto de cambiar nuevamente de video.

Detén el dedo unos segundos y pregúntate: «¿Qué disfruté de los últimos videos?». Después agrega: «¿Qué espero encontrar en el siguiente?». La primera pregunta mira la experiencia reciente. La segunda muestra hacia dónde apunta la búsqueda.

Puede que aparezcan respuestas concretas: una risa, una idea interesante, una historia que querías terminar. También puede ocurrir que la primera pregunta quede casi vacía y la segunda tenga una respuesta inmediata: algo mejor. Esa diferencia vuelve visible el patrón que antes quedaba escondido dentro del movimiento continuo.

Por ejemplo: «No me gustó casi nada, pero siento ganas de seguir». Esa frase describe una experiencia precisa y permite verla mientras ocurre, antes de que toda la sesión quede resumida como un rato de entretenimiento.

Hoy basta con reconocer una de esas escenas mientras sucede. Antes de pasar al siguiente video, distingue cuánto estás disfrutando y cuánto estás esperando disfrutar después. Esa observación ya permite entender mejor por qué sigues ahí.

Cinco enlaces externos:

Liked it? Take a second to support José Miguel Villouta on Patreon!
Become a patron at Patreon!
Add a Comment

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Advertisement